Por medio de láser que emite pulsos de alta energía capaces de fragmentar las partículas de tinta en la piel sin dañar los tejidos circundantes.
La tinta se descompone y es eliminada por el sistema linfático de forma natural. Es seguro para la piel, ya que se enfoca solo en el pigmento del tatuaje.
Se pueden eliminar la mayoría de colores, aunque algunos tonos como el amarillo y el blanco son más difíciles.
Dependiendo del tatuaje, se recomiendan entre 5 y 10 sesiones, con intervalos de 4 a 8 semanas.
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